La arqueología de nuestros días cuenta con una alta capacidad de sistematización en su programación y previsión a largo plazo, de forma que sus trabajos puedan encajarse en planificaciones acordes con todos aquellos recursos destinados a ofrecer a la ciudadanía testimonio de un patrimonio cultural cada vez más valorado y exigido. Sin embargo, en ocasiones, el propio carácter imprevisible de la herencia oculta de nuestros antepasados surge con la inopinada fuerza de un descubrimiento, de un hallazgo fortuito e imprevisible. Ese fue el caso de los hombres prehistóricos hallados fortuitamente en la cueva de La Braña-Arintero (Valdelugeros, León), testimonio de una presencia remota repentinamente revelado, que nos sitúa ante uno de los cambios humanos más trascendentes de nuestra historia, simplemente a partir del aparentemente modesto testimonio de dos esqueletos y un sumario ajuar, pero cuya importancia y el carácter único, desde una perspectiva cultural y más allá de otras valoraciones, confirman como un hallazgo excepcional, en un contexto también extraordinario. El Museo, custodio de estos vestigios, ofrece al publico estos hallazgos a través de una publicación interdisciplinar y espacilaizada (editada en este año 2010) en la que se analizan los elementos que aporta el descubrimiento, a la vez que se exponen por vez primera estos restos humanos y adornos de indumentaria con más de ocho mil años de antigüedad.
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