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España, frente a frente. Fotografías de la guerra civil, de Kati Horna y Albert-Louis Deschamps.

Este año, el Día Internacional del Museo que se celebra el 18 de mayo lo hace bajo el lema “Museos y memoria”. Además, en 2011 se cumplen setenta y cinco años del comienzo de la guerra civil española. Por ambos motivos, el Museo de León, con el apoyo de la Filmoteca regional de Castilla y León y los fondos del Centro de Documentación de la Memoria Histórica del Ministerio de Cultura, presenta esta exposición que reúne las miradas de dos extranjeros (Horna y Deschamps) destacados en aquel conflico determinante de la historia contemporánea mundial. A través de estas instantáneas podemos ojear un viejo álbum biográfico en el que, tal vez al menos, reconozcamos al otro lado del espejo el país que fuimos para entender el que debemos ser.

 

Nunca en su historia reciente España ha ocupado la atención de la opinión pública mundial como lo hizo de 1936 a 1939.  La guerra civil española alcanzó ese protagonismo internacional porque la mayoría de los ciudadanos informados estaba convencida de que en estas tierras se dirimía un conflicto que, más pronto que tarde, habría de afectar a toda Europa, al planeta entero. Y así fue. Apenas seis meses después del sometimiento de la joven democracia española, el avance militar del fascismo obligó a una guerra mundial que finalmente acabaría derrotándolo, aunque no en todas partes. Por ese motivo, los principales medios de comunicación extranjeros destacaron corresponsales en España, convirtiendo sus campos de batalla y retaguardia en escenarios de la primera guerra moderna en el terreno del fotoperiodismo; haciendo de ella una conflagración mediática, diríamos hoy.

Algunos de estos trabajos nos permiten actualmente, con el distanciamiento paliativo del blanco y negro, tan proclive a la perspectiva histórica, reflexionar sobre las circunstancias de un país que quizás ya no sea el nuestro, pero que reconocemos con una mezcla única de familiaridad y estupor. 

Albert-Louis Deschamps llegó a España en 1938 como corresponsal del semanario conservador L’Illustration, y siguió los pasos de las tropas rebeldes por Aragón, Cataluña y Madrid, bajo la atenta censura de propaganda de la Junta Militar, con la perspectiva ajena y desapasionada de quien parece apreciar el restablecimiento del orden a toda costa.

Por su parte, la fotógrafa húngara Kati Horna se consideraba una obrera del arte que no cobraba por sus fotografías, facilitadas a la CNT y distintas publicaciones libertarias y anarquistas. Llegó a España en 1937 y recorrió el frente retratando la lucha contra el fascismo y el rostro de quienes mantenían la esperanza. Nunca fue neutral.  

Ambos trabajos se contraponen, pues, a la perfección, y personifican las actitudes que gran parte del mundo adoptó hacia el drama español, convertido poco después en una tragedia universal.



 
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